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title: "Descubren cómo un pequeño cambio en una proteína puede aumentar la resistencia a antibióticos"
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description: "Un estudio internacional, liderado por especialistas del CONICET, permitió identificar cómo una mínima modificación en una enzima de resistencia a antibióticos puede reducir considerablemente la eficacia de determinadas combinaciones de antibióticos e inhibidores utilizados contra bacterias patógenas. El hallazgo abre caminos hacia el desarrollo de terapias más efectivas."
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date_published: "2026-10-13T17:59:00-03:00"
date_modified: "2026-10-13T18:02:35-03:00"
author_name: "Daniel Espinoza"
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category_name: "Salud"
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# Descubren cómo un pequeño cambio en una proteína puede aumentar la resistencia a antibióticos

Las infecciones causadas por bacterias farmacorresistentes ya causan al menos 700 mil muertes al año en todo el mundo y el ritmo con el cual aparecen cepas resistentes a antibióticos predice que en 2050 volverán a ser la principal causa de muerte a nivel mundial, por encima del cáncer y las enfermedades neurodegenerativas. En este contexto, especialistas del CONICET y colegas de Estados Unidos identificaron un mecanismo que puede aumentar la resistencia de determinadas bacterias patógenas cuando son abordadas por terapias basadas en la combinación de antibióticos e inhibidores.

El estudio, que aporta información para el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas, se publicó en *Antimicrobial Agents and Chemotherapy*, publicación de la Sociedad Americana de Microbiología (ASM según sus siglas en inglés).

El uso intensivo de antibióticos en pacientes hospitalizados, su uso innecesario, la automedicación y otros factores incrementan la “presión de selección” que favorece la supervivencia y multiplicación de bacterias patógenas de importancia clínica que poseen modificaciones en genes que dictan la producción de mecanismos de resistencia más especializados, volviéndose más resistentes. Algunos de estos genes son responsables de la producción de unas enzimas (proteínas) llamadas β-lactamasas que operan como un ‘sistema de defensa’ capaz de destruir o inactivar antibióticos de uso muy frecuente, como las penicilinas y las cefalosporinas.

![000-web-146](/download/multimedia.normal.b025770f03729d6e.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La enzima PER-14 conteniendo una molécula del inhibidor avibactam: un sólo cambio en su estructura (en magenta) afecta la eficacia de un tratamiento antimicrobiano.

“Nuestro trabajo se focalizó en estudiar un mecanismo que algunas bacterias utilizan para defenderse de los antibióticos. En particular, analizamos una β-lactamasa, llamada PER-14, y descubrimos que un pequeño cambio en uno solo de sus aminoácidos con respecto a otra llamada PER-2, prevalente en ciertas bacterias en Argentina, hace que dos de los inhibidores de β-lactamasas más modernos que se usan en la clínica, avibactam y relebactam, sean mucho menos efectivos para bloquear esta enzima. Al mismo tiempo, observamos que PER-14 conserva su capacidad para inactivar diferentes antibióticos”, destaca Pablo Power, líder del estudio e investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Bacteriología y Virología Molecular (IBaViM) con sede en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.

**Importancia clínica de la β-lactamasa PER-14:**En un informe de vigilancia global INFORM (2012-2017), publicado en 2021 en *Journal of Global Antimicrobial Resistance*, PER-14 fue detectada en Argentina en un aislamiento de *Raoultella ornithinolytica*, una bacteria que pertenece al grupo de los Enterobacterales. En este mismo grupo se encuentran bacterias de gran importancia clínica como *Escherichia coli*y *Klebsiella pneumoniae*. Sin embargo, las enzimas de la familia PER no se encuentran exclusivamente en los Enterobacterales, también pueden estar presentes en bacterias como *Pseudomonas aeruginosa* y*Acinetobacter baumannii*, que pueden causar infecciones hospitalarias difíciles de tratar.

“Estas bacterias pueden causar infecciones urinarias, respiratorias, de heridas o del torrente sanguíneo, especialmente en personas hospitalizadas o con otros problemas de salud. Pueden transmitirse por contacto, por ejemplo, a través de las manos, superficies o dispositivos contaminados. En otros casos, bacterias que forman parte de la microbiota intestinal pueden causar una infección si alcanzan otras partes del organismo”, explica Melina Ruggiero, primera autora del trabajo e investigadora del CONICET en el IBaViM.

**Un pequeño cambio puede hacer la diferencia:**Distintas bacterias patógenas pueden producir β-lactamasas de la familia PER, que contribuyen a su resistencia frente a determinados antibióticos y combinaciones de antibióticos e inhibidores.

![001-web-149](/download/multimedia.normal.94eb3db364cbfe7f.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)De der. a izq.: Pablo Power y Melina Ruggiero, ambos del CONICET y de la UBA, y Melina García Alonso, de la UBA, en el Instituto de Investigaciones en Bacteriología y Virología Molecular (IBaViM, FFyB-UBA).

Melina García Alonso, becaria estímulo UBA en el IBaViM, explica que PER-14 difiere de PER-2 en un único aminoácido, y que ese pequeño cambio fue suficiente para reducir de manera muy marcada la eficacia de dos inhibidores modernos. “Este resultado muestra cómo una modificación muy pequeña en una enzima puede ser suficiente para que las bacterias que la producen tengan una ventaja frente a determinadas combinaciones terapéuticas”.

A raíz de los resultados y de la identificación de que la única diferencia entre PER-14 y PER-2 es producto de una única sustitución en los genes que las codifican, los autores del estudio plantean la hipótesis de que PER-14 podría haber evolucionado a partir de PER-2, cuya descripción se hizo décadas antes y se la detecta en cepas de muchas bacterias patógenas.

En este trabajo, Power, Ruggiero y García Alonso que integran el Laboratorio de Resistencia Bacteriana del IBaViM, y colegas lograron caracterizar PER-14 a nivel molecular y bioquímico.

**Caracterización de la enzima PER-14**

Los autores del estudio utilizaron distintos enfoques que se complementaron entre sí.

Por un lado, realizaron estudios de laboratorio o *in vitro* para determinar qué antibióticos podían ser inactivados por PER-14 y qué tan eficaces eran avibactam y relebactam para inhibirla. “Para ello introdujimos los genes de las distintas variantes de las proteínas PER en una bacteria de laboratorio y medimos la cantidad de antibiótico necesaria para impedir su crecimiento, mediante la obtención de la ‘concentración inhibitoria mínima’, que representa la mínima cantidad de ese antibiótico capaz de inhibir el crecimiento de la bacteria en estudio” puntualiza Power. Y continúa: “Este parámetro es muy útil sobre todo en el hospital para estimar si un aislamiento bacteriano puede considerarse sensible o resistente a un determinado antibiótico y contribuir así a orientar el tratamiento. También purificamos las enzimas y estudiamos directamente su actividad frente a distintos antibióticos y sus inhibidores mediante ensayos de cinética enzimática (estudios que determinan la velocidad de las reacciones químicas que regulan las enzimas)”.

Los resultados mostraron que avibactam y relebactam tienen mucha menor capacidad para inhibir PER-14 que PER-2. “En algunos parámetros, la diferencia fue de cientos o incluso miles de veces”, destaca Ruggiero.

Además, el equipo de investigaciones utilizó simulaciones computacionales para estudiar qué ocurre a escala molecular. “Esas simulaciones nos permitieron visualizar cómo ese único cambio en PER-14 modifica una región fundamental generando que los inhibidores se posicionen de manera menos favorable y pierdan gran parte de su capacidad de bloquear la enzima”, indica García Alonso.

Finalmente, utilizaron espectrometría de masas (una técnica que permite detectar e identificar moléculas por su masa y carga eléctrica) para apuntalar experimentalmente esa interpretación. “Observamos que avibactam se une de manera rápida y estable a PER-2 para bloquearla, mientras que la interacción con PER-14 fue mucho menos eficiente y sólo pudo detectarse después de una incubación prolongada y utilizando un gran exceso del inhibidor”, afirma Ruggiero.

En esa línea, Power agrega: “Lo interesante es que pudimos observar el mismo fenómeno desde distintos niveles: en la bacteria, en la enzima PER-14 aislada y mediante modelos computacionales de su estructura. Eso nos permitió comprender que no sólo existía resistencia a los inhibidores, sino también por qué ocurría”.

El equipo de investigación también comprobó que PER-14 mantiene la capacidad de actuar sobre cefiderocol, un antibiótico relativamente nuevo aún no disponible en Argentina y que se reserva para algunas infecciones causadas por bacterias multirresistentes.

Uno de los resultados más importantes del estudio fue que una modificación genética mínima en un mecanismo de resistencia bacteriana puede tener consecuencias terapéuticas importantes. “La información, que surge de nuestra investigación, puede servir como base para diseñar nuevos inhibidores capaces de superar esos mecanismos de resistencia. También puede ayudar a decidir qué combinación de antibióticos e inhibidores podría seguir siendo útil frente a determinadas bacterias que produzcan la enzima PER-14”, señala Power, también Director del IBaViM. Y continúa: “Además, tiene valor para la vigilancia de la resistencia antimicrobiana. Si sabemos qué cambios genéticos pueden generar resistencia, podemos buscarlos específicamente en bacterias aisladas de pacientes y detectar tempranamente su aparición o su diseminación”.

Los próximos pasos de esta línea de trabajo apuntan a profundizar el estudio de cómo evolucionan las β-lactamasas y qué cambios estructurales les permiten escapar de los inhibidores sin perder su capacidad de inactivar antibióticos.

Del estudio también participaron Salvador I. Drusin y Diego M. Moreno, del Instituto de Química Rosario (IQUIR, CONICET-UNR); Gabriel Gutkind, José Di Conza, Roque Figueroa-Espinosa e Ivan Jackson Briceño Muñoz, del IBaViM; y Robert A. Bonomo, referente internacional del Centro de Resistencia a los Antimicrobianos y Epidemiología (Case VA CARES), del Servicio de Medicina del Centro Médico Louis Stokes Cleveland VA y de varios departamentos de la Facultad de Medicina de la Universidad Case Western Reserve, en la ciudad de Cleveland, en el Estado de Ohio en Estados Unidos.

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