Hay un dato de la economía argentina que empieza a describir con especial crudeza lo que sucede dentro de los hogares, cada vez cuesta más pagar las deudas.


La morosidad de las familias argentinas enciende las alarmas
Daniel Espinoza

En mayo de 2026, la irregularidad del crédito bancario al sector privado llegó al 7,7%, según el Banco Central. Pero ese promedio esconde dos realidades muy diferentes. Mientras la mora de las empresas fue del 3,5%, la correspondiente a las familias alcanzó el 12,8%. Es decir, la irregularidad del financiamiento a los hogares es actualmente alrededor de 3,7 veces superior a la de las empresas.
La evolución es además persistente. A comienzos del año, la mora de las familias se ubicaba en 10,6%. Pasó a 11,2% en febrero, 11,5% en marzo, 12,1% en abril y finalmente 12,8% en mayo. En apenas cuatro meses acumuló un incremento de 2,2 puntos porcentuales. En el mismo período, la mora empresarial pasó de 2,8% a 3,5%.

El problema de la deuda argentina de 2026 tiene, por lo tanto, una característica definida: su epicentro está en los hogares y, particularmente, en el crédito destinado al consumo.
Qué significa realmente una mora del 12,8%: Para dimensionar correctamente el fenómeno es necesario hacer una aclaración. Cuando el Banco Central informa que la mora de las familias es del 12,8%, no está diciendo que el 12,8% de las familias argentinas están con deuda y morosos.
La morosidad mide qué proporción del saldo de dinero prestado se encuentra en situación irregular. Por lo tanto, significa que el 12,8% del financiamiento otorgado a las familias está dentro de la cartera considerada irregular. La cantidad de personas endeudadas y el porcentaje del dinero prestado que no se paga normalmente son dos indicadores diferentes. Y ambos son necesarios para comprender la magnitud del problema.

Los préstamos personales encienden la alarma: Cuando se desagrega la mora según el tipo de crédito aparece otro dato significativo. Los préstamos personales son hoy la línea bancaria con mayor irregularidad: pasaron del 13,2% en enero al 15,9% en mayo. Las tarjetas de crédito siguieron una trayectoria similar: la mora pasó del 10,1% al 11,7%.
Los créditos con garantías muestran, en cambio, una situación considerablemente mejor. La irregularidad de los prendarios fue de 5,8% y la de los hipotecarios apenas del 2,1% en mayo.
La fotografía es elocuente:
- Préstamos personales: 15,9%.
- Tarjetas de crédito: 11,7%.
- Prendarios: 5,8%.
- Hipotecarios: 2,1%.
El deterioro está concentrado justamente en las herramientas de financiamiento más vinculadas con el consumo corriente y las necesidades inmediatas de liquidez.
Un préstamo hipotecario permite adquirir un activo ( una casa por ejemplo) y normalmente surge después de una evaluación crediticia considerablemente más rigurosa. Un préstamo personal o una tarjeta, en cambio, pueden convertirse rápidamente en el mecanismo utilizado para cubrir el desfasaje entre ingresos y gastos. Cuando el crédito deja de financiar una compra extraordinaria o una inversión y comienza a utilizarse sistemáticamente para llegar a fin de mes, el problema deja de ser solamente financiero: pasa a convertirse en un indicador del presupuesto cotidiano de los hogares.
Por Ámbito Financiero


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